Estamos en Madrid en poder de un topo gigante, cuya mayor diversion es comprar tuneladoras, asignarles un bonito nombre, y llenar el subsuelo de Madrid de galerías oscuras y sucias, que nadie ha pedido. Tambien tenemos una ardilla pesada, que no puede subirse a los árboles con soltura y por eso los derriba. De día, sin decoro- De noche, amparada por la oscuridad. Paso a la -3o, suplicio de los sufridos madrileños, por la desviación de Santa María de la Cabeza , dirección N-VI, Un paisaje alucinante lleno de camiones, hormigoneras, gruas. Los obreros con sus cascos amarillos y cara de susto, como la mayoría de los conductores, que en ella nos aventuramos. Uno despliega ante mi vehículo, de repente, una bandera roja sucia y desvaida, como el paisaje que la rodea. Los arbolillos plantados en su día por Tierno Galván, con la colaboración ciudadana han desaparecido. Han desaparecido también los campos de baloncesto y de fútbol, y la pista de patinaje del parque de Yeserías. Han sido talados muchos grandes árboles de la pradera. El viejo puente de Toledo se tambalea y llora en silencio por sus sillares. ¿Qué pensarán sus vetustas piedras? Seguro que los mismo que nosotros, madrileños enamorados de nuestra ciudad. Este verano tuve una corta estancia en París. Hacía más de veinte años que no había vuelto. Y claro está que comparé su evolución con nuestro Madrid. !Que pena! París está mejorado, espléndido, disfrutamos paseando por sus calles y jardines. Y subiendo en su transporte público !como no! Cosas que ya no se pueden apenas intentar en nuestra ciudad. !Qué pena Sr. Topo y Sra Ardilla! Tengo la atención de no llamarles por sus apellidos, aunque creo que no hace falta. Chao. !Hasta otra! gr
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